Kommit
Dos rebrandings, una misma marca en evolución constante
El primer acto
Conocimos a Kommit hace más de seis años, cuando su negocio de staffing de equipos de tecnología para empresas de tecnología necesitaba una identidad que lo dijera con claridad. Diseñamos su primera marca completa — logo en todas sus variantes (color, blanco y negro, con y sin eslogan), manual de marca, tipografías y paleta — y la llevamos hasta un sitio web y una presencia digital que hablaban un mismo idioma: trabajo en equipo, colaboración, personas conectando con personas.
Esa primera marca cumplió su propósito: dejó claro, de una vez, a qué se dedicaba Kommit — y mejoró la calidad de percepción de sus leads desde el primer contacto.
El segundo acto
Cuatro años más tarde, el mercado había cambiado. Kommit —como muchas empresas de desarrollo de software— empezaba a integrar IA en su forma de construir producto, y necesitaba una marca que reflejara ese momento sin perder lo que ya habían construido.
Diseñamos una segunda identidad centrada en la idea de movimiento y evolución: una marca que habla del vibecoding y de los procesos que los desarrolladores de Kommit pueden ejecutar acompañados por IA. En este segundo rebrand, el alcance fue más enfocado — identidad visual completa, sin incluir sitio web ni redes, que el equipo de Kommit ya podía ejecutar internamente con la nueva guía de marca en mano.
El resultado
Ambos rebrandings mejoraron la percepción de marca frente a los leads de Kommit, pero cada uno resolvió un problema distinto: el primero, claridad de propósito; el segundo, relevancia frente a un mercado que empezaba a exigir que las empresas de desarrollo demostraran su relación real con la IA, no solo el discurso.
Kommit es, hoy, uno de los casos que mejor demuestra algo en lo que creemos: una marca no se diseña una vez, se cuida a lo largo de la historia de la empresa.